¿Estás de acuerdo con la nueva asignación de nombres de mujeres relevantes de la historia en el callejero de Mota del Cuervo?

viernes, 7 de agosto de 2009

"CUATRO DÍAS" Por Mamen Escudero Cruz. 2º Premio de Narrativa

LA LLEGADA
No te preocupes, en serio. Todo esta bien…. De verdad… Oye si vas a empezar así mejor que hubieras venido tú. ¿No es suficiente que haya tenido que dejar todo esta semana para acompañar a mamá en este viaje? Que por cierto, no entiendo aún. De acuerdo… mañana volvemos a hablar. Ahora es mejor que descansé. Se la ve un poco pálida. La edad, la enfermedad, el viaje… pueden ser muchas cosas pero hay algo que se suma a todo ello, que la angustia.
EL PRIMER DÍA.
Sí, todo sigue bien. Ahora está descansando. Apenas quiso cenar pero creo que son algunos síntomas del tratamiento. En estos momentos se encuentra relajada. La he obligado a que se dé un baño.
No se sí recordarás la bañera de la casa. Dice mamá que los sábados por la noche nos metía a todos en remojo, juntos, y que solías enfadarme tirándome agua en la cara, cuando ella se daba la vuelta. ¿Qué que raro? Pero si sigues igual… Nooo!!!. Tirándome agua en la cara no, pero sí enfadándome.
Esta mañana hemos paseado por el pueblo. La llevaba cogida del brazo porque a veces le cuesta avanzar. He notado que tiene cada vez la piel más fría. Hacía mucho tiempo que no me sentía tan cerca de ella, que no rozaba su cuerpo y hoy, éste, me ha parecido demasiado mayor.
No dice nada mientras caminamos. Tan solo noto como abre los ojos con energía como queriendo asimilar todo lo que ve y evitar, así, que nada se le escape. Además, me he dado cuenta que se le caía alguna lagrima y cuando hemos llegado a la plaza, me ha apretado el brazo con toda la fuerza que aún le queda.
¿Sabes? , nadie nos saluda por las calles. No deben acordarse de mamá, y aún menos de mí, y creo que eso la entristece más. Sí, ya se que hace mucho tiempo que nos fuimos, pero creo que ella se siente culpable de no haber vuelto antes aquí. Tú y yo sabemos que siempre llevaba encima esa pequeña fotografía de los molinos, y en el fondo, también supimos que siempre quiso volver.

EL SEGUNDO DÍA.
Si, ahora está sentada en la tumbona antigua que siempre estaba en el patio. Hoy ha estado limpiándola. ¿Qué por qué la he dejado? Pues porque ella ha insistido. Además… la veo con energía e ilusión, llevaba demasiado tiempo sin verla así. Tampoco se ha querido tomar la medicación. Lo sé, lo se… Pero ha sido imposible convencerla. Dice que la destroza y es cierto, esta mañana no parecía la misma, se ha levantado con fuerza. Cuando he abierto los ojos y he bajado a la cocina, ya estaba en pie. Había recogido todo y tenía preparado un suculento desayuno. Después nos hemos agarrado del brazo y nos hemos ido a pasear, hablándome del pueblo, de sus recuerdos, de la gente que ya no estaba, de nosotras… Hacía mucho tiempo que no la sentía así.
Hemos caminado por el barrio. Sí… el de las Cantarerías. Aún se conserva el Horno. ¿Lo recuerdas? Aunque ahora tras de él han habilitado un museo. Mamá me ha estado hablando de las piezas y su uso, y de la gente de las fotografías. No pensaba que aún conservaba esa memoria. Era como si en esos momentos, hubiese retrocedido sesenta años atrás.
No sé como explicártelo, pero mientras me hablaba, me la imaginaba de niña jugando entre el barro. Acariciando, descalza, el suelo que ahora pisábamos, sin ser consciente de que un día abandonaría sus raíces para no volver hasta tantísimos años después. He notado que quería dar marcha atrás al tiempo por unas horas, volver a ser aquella niña que se crió entre cántaros y cantarillas, manchada constantemente con el barro de la casa y arropada por su familia, sus vecinos… por su pueblo. ¿Sabes?, en esos momentos he tenido que apretar fuerte los dientes para evitar que viera ni un solo síntoma de congoja en mí.
Después de comer y mientras ella descansaba, he estado rebuscando entre los cajones. No puedes imaginarte la cantidad de cosas que aún quedan escondidos en estos muebles. Y muchas, muchas fotografías. De los abuelos, los tíos, los primos… Del pueblo, de sus calles, de sus plazas…. Y de mamá. Si pudieras ver que guapa era. Se la veía ávida y ágil como las liebres. Y en sus piernas, señales de travesuras y, seguro, también de no pocos tropezones inquietos. El pelo revuelto, y en su cara una pizca de picardía junto a otra de vergüenza. Sigo sin entender porque dejo todas estas fotos aquí y nunca volvió a por ellas.
Al caer la tarde hemos vuelto a lo nuestro. A nuestras calles, a nuestras plazas, a nuestro paseo. ¿Te das cuenta? Ya incluso lo hago mío. Mamá me esta embriagando con lo que cuenta y parece como si este pueblo ya fuera el mío y eso que casi nunca estuve aquí. Sin embargo, reconozco sus rincones, sus monumentos y sus casas como si ya las conociera. Como si fuera capaz de ver la vida de mamá a través de lo que ella me cuenta.
A última hora, se dejaba caer demasiado sobre mí. Soy consciente que cada día que pasa tiene menos fuerza, y más, después de una caminata así. Nos hemos sentado a retomar fuerzas en un banco de la “placeta” antes de sumergirnos en las laberínticas calles de las cantarerías y se ha acercado un señor muy mayor que ha reconocido a mamá. Le ha cambiado la expresión de la cara. Sus ojos han vuelto a abrirse con el afán de acaparar toda la atención posible y no perder nada de lo que aquel hombre, de boina negra y rostro ya cansado, le estaba diciendo. He preferido dejarlos solos, al fin y al cabo, una situación así lo merecía.
He aprovechado para acercarme a la tiendecita que hay justo al lado de la plaza porque realmente esta noche teníamos “poco apaño”, como dicen por aquí, para llevarnos a la boca. Y te resultaría curioso como puedes llegar a entablar una conversación tan espontánea con gente que no conoces de nada. Finalmente han conseguido saber quien era, mejor dicho, “de quien era” y porque estábamos aquí (creo que han averiguado más incluso que yo del motivo del viaje). Pero me he sentido bien, ¿sabes? Sin prisas, con la tranquilidad que nunca hubiese imaginado por allí. Conversando con la gente como si nos conociéramos de toda la vida. Es bueno saber que continua habiendo sitios en los que aún seguimos siendo personas, vecinos, confidentes e incluso amigos.
Cuando he llegado a recoger a mamá, estaba aún en conversación con ese señor de cara simpática y bonachona. Me ha sido difícil separarlos, ¡no creas!, pero, sinceramente, tampoco he insistido mucho. Se la veía tan bien!!! Ya sabes que mamá hacía tiempo que decía pocas palabras, podía pasarse el día sin hablar nada, ausente… o al menos eso nos decían las enfermeras de la Residencia, claro. Realmente no hemos estado pendientes últimamente de ella. Sí… lo se. El trabajo, el tiempo… es imposible también estar cuidando todo el día de ella y más en su estado. Pero… Bueno nada… déjalo… Voy a intentar hacer que se acueste, que cierre los ojos. Mañana ha dicho que quiere subir a la sierra de los molinos…
EL TERCER DÍA
Ayer, al final, nos quedamos otro largo rato hablando, sentadas en el patio. No imaginas todo lo que me contó: cómo se hacían los cántaros, la fiesta que se organizaba en torno a la cocción, cómo el humo negro inundaba el pueblo señalando el punto álgido del alboroto y la algarabía. Las fiestas, la función, la música, la gente, las reuniones, los vecinos, los encuentros, las bodas, la matanza, el campo, las canciones… Tantas y tantas cosas que hemos perdido y que yo, ni siquiera me había parado a preguntarle, a escucharla contar… a hacer que ella lo recordara. ¿Qué hubiese pasado si esta noche, no se hubiese dado nunca?
Se que vas a llamarme loca e inconsciente, pero aunque ayer nos acostamos de madrugada, hoy nos hemos levantado a las siete, antes de que saliera el sol. Sí… ya se, no ha dormido apenas, pero tengo yo el semblante más cansado yo que ella, te lo juro. Esta fresca como una rosa, no parece la misma mujer que partió hace cuatro días.
Hemos visto el amanecer allá arriba, entre los molinos. Ha sido impresionante. Llevaba tiempo sin disfrutar de un espectáculo así. Mamá estaba especialmente guapa con los primeros rayos del sol reflejados en su cara. Tenía una sonrisa dibujada en su rostro y por unos momentos ha cerrado los ojos y ha levantado su cabeza hacia el cielo. Ha suspirado tranquila. Y no se por qué… pero…me ha recorrido todo el cuerpo un tremendo escalofrío al verla así.
Esta misma tarde le he dicho que mañana tenemos que volver a la ciudad. Me gustaría pero no puedo quedarme más días en el pueblo. Le ha cambiado el semblante otra vez, ¿sabes? pero no me ha dicho nada aún. Está ahí sentada en la tumbona del patio.
Por cierto, no ha vuelto a tomar la medicación. Sí lo sé…lo se… pero esta vez ni siquiera, yo, se lo he recordado…

EL REGRESO
Escucha, tienes que venirte para acá lo antes que puedas. Avisa a toda la familia… si quieres…
No te preocupes, mamá esta bien, creo que descansa ahora más tranquila que nunca. Sólo que ayer me dijo que en este pueblo nació y que en él quería morir.
…Y esta mañana ha decidido quedarse aquí y no regresar…

martes, 16 de junio de 2009

Clausura de la Universidad Popular en Mota del Cuervo


El pasado viernes 6 de junio, tuvo lugar la clausura de los diferentes talleres que se han venido celebrando durante este año en la localidad de Mota del Cuervo.
La celebración de la finalización de los mismos fue llevada a cabo en el Auditorio Municipal de Mota del Cuervo, donde se procedió a la entrega de diplomas a los alumnos y a las actuaciones de niños y adultos que deleitaron al público asistentes con bailes regionales, baile español y de salón.
De este modo, se concluyeron el taller de yoga, cocina, inglés, bailes regionales, baile español, bailes de salón, esparto, alfarería, guitarra, pintura, restauración de muebles, informática, bolillos y restauración de muebles.
Todos los cursos han tenido una gran aceptación por parte de los alumnos participantes, pero son los talleres de pintura, informática y restauración de muebles los que han tenido un mayor número de alumnos.
Los cursos han durado aproximadamente unos 7 meses, comenzaron el mes de octubre del año pasado y han finalizado en el mes de mayo a excepción del taller de pintura, informática y restauración que concluirán en este mes de junio.
La entrega de los diplomas la efectuó Feliciano Mayorga, Concejala de Cultura y participación ciudadana.